El impostor de Molière en Cáceres
El pasado 11 de junio tuve la ocasión de asistir a una de las piezas de la Escena Clásica del XXXIII Festival de Teatro Clásico de Cáceres: Tartufo . El teatro de Molière, tan actualizado como provocador, no dejó indiferente a nadie. No sólo por el entorno en el que la obra se desarrolló esa noche –noche de infausto calor–, en la plaza de san Jorge, en el corazón de Cáceres, en la que llama mucho la atención la escalinata que sube a la iglesia de san Francisco Javier, sus lindes con el jardín de Cristina de Ulloa o la iluminación de la escultura de Jesús Rodríguez Aranda de san Jorge matando al dragón justo en el medio de las escaleras y en el centro de la parte de atrás de lo que la compañía había convertido en escenario. No dejó indiferente a nadie, decía, ni por el marco cacereño en el que la obra del impostor de Molière se desarrolló esa noche, ni por una puesta en escena y una versión soberbia. Del reparto destacaron María Rivera, en el papel de Dorina, Jorge Machín, en el de Dam...